Caen ventas hasta 46%, producción y exportaciones más de 50%; el sector pierde 20% de empleo y urge blindar el mercado interno.


Con cifras que no dejan margen a la complacencia, AMDA y ANPACT advirtieron esta mañana que la industria de vehículos pesados en México enfrenta uno de sus arranques de año más complejos de la última década, tras un 2025 marcado por caídas sostenidas en sus principales indicadores.

En la conferencia conjunta, ANPACT —que preside Rogelio Arzate— informó que las ventas al mayoreo sumaron apenas 1,676 unidades en enero, 35.7% menos que en el mismo mes de 2025. La producción cayó 51.9%, al ubicarse en 6,793 unidades, mientras que las exportaciones retrocedieron 53.8%, con 5,076 unidades enviadas al exterior, en un entorno internacional todavía volátil y con ajustes en los principales mercados de destino.

Por su parte, la AMDA, con cifras del INEGI presentadas por su equipo de análisis económico, reportó que la venta al menudeo se desplomó 46.3% en enero de 2026, con 2,073 unidades comercializadas, mil 789 menos que un año antes y 29.5% por debajo de los niveles prepandémicos de 2019. El resultado quedó lejos de la expectativa de 3,190 unidades para el mes. Solo el segmento de autobuses foráneos mostró dinamismo, con un crecimiento anual de 29.9%.

En este contexto, el presidente ejecutivo de la AMDA, Guillermo Rosales Zárate, destacó que el desempeño de enero obligó a ajustar el pronóstico anual del mercado a 40,739 unidades (sin incluir autobuses foráneos), con una variación estimada de +6.2%, reflejando un entorno de alta incertidumbre y una recuperación más lenta de lo previsto.

El impacto ya se traslada al ámbito social. ANPACT estimó que la contracción del mercado ha derivado en una reducción aproximada del 20% en la plantilla laboral en empresas del sector, afectando a miles de trabajadores vinculados a esta cadena productiva estratégica.

Ante este escenario, ambas asociaciones coincidieron en la urgencia de fortalecer el mercado interno. ANPACT planteó como ejes prioritarios acelerar la renovación de una flota con edad promedio de 19 años; contener la importación indiscriminada de vehículos pesados usados provenientes de EE.UU., que distorsionan el mercado y no siempre cumplen estándares ambientales; y privilegiar la adquisición de unidades fabricadas en México en proyectos públicos, en línea con la política de impulso a lo “Hecho en México”.

Asimismo, se subrayó la necesidad de garantizar infraestructura energética adecuada —incluida la distribución estratégica de Diésel Ultra Bajo Azufre— y de asegurar que todas las marcas que comercializan en el país reporten de manera consistente y transparente sus cifras ante el INEGI.

El mensaje fue directo: la industria de vehículos pesados no solo moviliza mercancías, también genera inversión, innovación y empleo. Hoy enfrenta un momento decisivo que demandará coordinación público-privada para recuperar dinamismo y sostener el liderazgo global que México ha construido en este sector.

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