Con una producción que ya no baja de los 10,000 millones de dólares mensuales, el sector demuestra una resiliencia inquebrantable; Julio Galván (INA) revela las claves de un cierre de año sin precedentes.
Lo que hoy sucede en las plantas de manufactura del país es mucho más que una simple recuperación: es una clara demostración de soberanía industrial. Al presentar el más reciente reporte de la Industria Nacional de Autopartes (INA), Julio Galván, gerente de Estudios Económicos del organismo, no solo expuso cifras contundentes, sino el proceso de consolidación de un auténtico gigante productivo. Tras un inicio de año marcado por la volatilidad global, el sector logró lo que parecía inalcanzable: estabilizar su “músculo” productivo por encima de la barrera de los 10,000 millones de dólares mensuales.
La metamorfosis del segundo semestre
La narrativa de 2025 es la de una industria que resistió con disciplina y precisión. Aunque el año arrancó con variaciones superiores al 7%, reflejo de un entorno internacional convulso, el segundo semestre marcó un punto de inflexión definitivo. A partir de mayo, la industria inició un fortalecimiento sostenido que alcanzó su punto más alto en octubre, con una producción histórica de 10,573 millones de dólares.
“El mercado de autopartes en México se ha venido fortaleciendo mes con mes”, explicó Galván. Esta tendencia permitió que el promedio mensual se ubicara en 9,982 millones de dólares, una cifra que despeja cualquier duda sobre la capacidad de respuesta, adaptación y competitividad de la manufactura mexicana frente a las exigencias del mercado global.
Simbiosis con el Gigante del Norte
Este desempeño tiene un aliado estratégico clave: la economía de Estados Unidos. La estrecha sincronía productiva entre ambas naciones ha permitido que México trascienda su papel de proveedor para convertirse en la columna vertebral de la cadena de suministro norteamericana. Cada componente eléctrico, cada motor y cada transmisión que salen de las líneas de producción nacionales forman parte esencial del engranaje económico regional.
Con entidades como Coahuila, Guanajuato y Nuevo León operando a su máxima capacidad, y con el segmento de componentes eléctricos, que alcanza los 19,193 millones de dólares, encabezando la producción, el mensaje de la INA es contundente: la industria mexicana de autopartes ha madurado y hoy es un actor inamovible en el escenario global.
El cierre: un destino manifiesto
México ya no compite únicamente por costos. Hoy lo hace por potencia industrial, especialización y confiabilidad. Mientras otros mercados titubean ante la incertidumbre, la industria de autopartes nacional ha construido un blindaje de acero sustentado en eficiencia, integración regional y visión estratégica. El “músculo” del sector no es solo una métrica financiera: es la prueba de que, cuando el mundo se desacelera, México sigue acelerando. Aquí no solo se ensamblan autopartes; aquí se piensa, se forja y se consolida el corazón de la competitividad en Norteamérica.