Rogelio Garza, presidente de la AMIA, presenta los resultados de un 2025 de claroscuros y advierte que el destino del sector se definirá en la revisión del T-MEC y en la batalla contra los aranceles de la Sección 232.
La Asociación Mexicana de la Industria Automotriz (AMIA) conmemora 75 años de trayectoria en un momento clave para el sector. Durante la presentación de los resultados al cierre de 2025, Rogelio Garza, presidente del organismo, dejó claro que el aniversario coincide con uno de los periodos de mayor definición estratégica para la industria automotriz mexicana.
México, que en siete décadas pasó de ser un ensamblador emergente a un actor relevante en la producción global de vehículos, enfrenta hoy un entorno internacional más restrictivo. Para Garza, la coyuntura actual no permite lecturas complacientes: el balance de 2025 confirma la solidez estructural del sector, pero también anticipa ajustes derivados de la desaceleración global y del endurecimiento de las condiciones comerciales.
El pulso de las máquinas: resiliencia en las cifras
El 2025 fue un año de vaivenes y aceleraciones. La producción total de vehículos ligeros cerró con 3,953,494 unidades, apenas 0.9% por debajo del año anterior. Aunque el signo negativo podría generar inquietud, Garza puso los datos en perspectiva: diciembre de 2025 fue el tercer mejor diciembre en la historia de la serie, con un crecimiento de 8.5% respecto al mismo mes de 2024.
“Es el segundo mejor año registrado en la historia de la industria”, subrayó Garza, al destacar que la utilización de la capacidad instalada alcanzó un notable 92.2%, evidencia de que la eficiencia operativa de México continúa siendo uno de sus principales activos competitivos.
En contraste, el frente externo reflejó con mayor claridad las turbulencias geopolíticas. Las exportaciones totales registraron un ajuste de 2.7%, con un cierre anual de 3,385,785 unidades. El impacto más severo se presentó en diciembre, con una caída del 14.5%, atribuida al aumento de las tensiones comerciales en la región de Norteamérica.
La geografía del motor: el “efecto Norteamérica”
La integración regional sigue siendo el eje del modelo automotriz mexicano. Rogelio Garza detalló el destino de los vehículos ensamblados en el país:
• 78.4% se exporta a Estados Unidos
• 11.1% tiene como destino Canadá
• El 10% restante se dirige a mercados como Alemania, Colombia, Brasil y Argentina
Con casi el 90% de la producción concentrada en la región T-MEC, la industria automotriz mexicana mantiene una alta dependencia de Norteamérica, condición que hoy define tanto su fortaleza como su vulnerabilidad estratégica.
2026: el momento crucial de las tarifas y el Tratado
Al abordar el escenario de 2026, Garza centró su mensaje en la revisión del T-MEC y en la aplicación de los aranceles bajo la Sección 232. Actualmente, el sector enfrenta un arancel del 25%, que reduce la competitividad de las exportaciones mexicanas, permitiendo únicamente el descuento del contenido estrictamente estadounidense.
“No hay temas más importantes para nosotros en este momento que la revisión del tratado y las tarifas que tenemos encima”, afirmó el presidente de la AMIA.
La posición del organismo, ya presentada al equipo de la Presidenta de la República y al secretario de Economía, Marcelo Ebrard, es clara: retornar al arancel cero y al libre comercio. La industria no busca incentivos extraordinarios, sino la restitución de las condiciones que permitieron a México consolidarse como una plataforma automotriz de clase mundial.
Un bastión que no cede
Aunque segmentos como las minivans registraron una contracción del 44.3% y los vehículos compactos un ajuste del 7.0%, el núcleo productivo del país —las SUVs y las pick-ups— se mantiene sólido y concentra la mayor parte del volumen de exportación.
Rogelio Garza cerró su intervención con un mensaje de cautelosa confianza. La industria se prepara tanto en el ámbito técnico como en el político. México cuenta con infraestructura, talento y una historia de 75 años que lo respaldan, pero el desempeño de 2026 dependerá de la capacidad del país para desarticular las barreras arancelarias y reafirmar que, en el tablero automotriz global, Norteamérica es más fuerte cuando México produce