EL SECTOR SE RECONFIGURA, MIDE RIESGOS Y PONE EL FOCO EN EL T-MEC COMO CLAVE DEL FUTURO
Ciudad de México, 12 de enero de 2026.— La industria automotriz mexicana inició el año con una revisión profunda de su desempeño y, sobre todo, con una conversación franca sobre su futuro inmediato. Durante el Desayuno–Conferencia Resultados 2025 en ventas, producción y exportación de vehículos ligeros, pesados y autopartes, organizado por la AMDA, AMIA, ANPACT y la INA, el sector dejó claro que 2025 fue un año de ajuste estratégico, no de pérdida de rumbo.
El panel integrado por Guillermo Rosales Zárate (AMDA), Rogelio Garza (AMIA), Rogelio Arzate (ANPACT) y Julio Galván (INA) ofreció una lectura ordenada, técnica y altamente explicativa de los números del año, pero también abrió el espacio para un diálogo clave sobre los riesgos y oportunidades que marcarán el desempeño rumbo a 2026.
La AMIA, que este enero celebra 75 años de historia, marcó el pulso del balance. Su presidente ejecutivo, Rogelio Garza, calificó 2025 como un periodo de “ajuste moderado” tras el histórico 2024. Con 3,953,494 vehículos producidos, apenas 0.9% menos que el año previo, México cerró el segundo mejor año de producción de su historia, confirmando la solidez de su plataforma manufacturera.
Las exportaciones, no obstante, reflejaron la volatilidad global con una baja de 2.7%, acentuada por un desplome de 14.5% en diciembre. Aun así, Garza recordó el dato estructural que sostiene al sector: el 90% de la producción automotriz mexicana está vinculada a Norteamérica, lo que reafirma el peso estratégico del T-MEC.
Desde la óptica de los vehículos pesados, Rogelio Arzate, presidente ejecutivo de ANPACT, presentó un diagnóstico más severo, pero con visión de largo plazo. La industria enfrentó menor demanda interna, importación de unidades usadas desde Estados Unidos y un entorno de alta volatilidad comercial. El resultado fue un ajuste significativo en ventas, producción y exportaciones, aunque con señales de recuperación al cierre del año, particularmente en los segmentos de Clases 2 y 3.
Arzate subrayó que el sector de pesados en México sigue siendo resiliente, innovador y comprometido con la inversión, con una agenda clara en descarbonización, tecnologías limpias y generación de empleo, siempre bajo un marco de certidumbre jurídica.
El contraste del año quedó claramente expuesto por la AMDA. Guillermo Rosales Zárate describió un mercado interno de dos velocidades. Mientras los vehículos ligeros alcanzaron un nuevo máximo histórico, con 1,524,638 unidades comercializadas (+1.4%) —que escalan a 1,626,363 unidades (+5%) al incluir marcas no reportantes al INEGI—, el mercado de vehículos pesados al menudeo cerró con una contracción de 31.7%, reflejo directo de la caída en la inversión fija bruta y la confianza empresarial.
Por su parte, Julio Galván, de la INA, explicó que, aunque la producción de autopartes cerró 2025 con una contracción de 3.75%, al sumar 99,816 millones de dólares, el segundo semestre mostró una recuperación clara. El sector mantiene un músculo productivo que supera los 10,000 millones de dólares mensuales, impulsado por la fuerte integración con Estados Unidos, destino de casi la mitad de las exportaciones mexicanas de autopartes.
LA PREGUNTA CLAVE: CRECER SIN APAGAR EL MOTOR
El momento más estratégico del encuentro llegó durante la sesión de preguntas y respuestas, cuando Rogelio Roy Ocotla, director de México Automotriz, planteó una interrogante que sintetizó la preocupación del sector:
¿Cómo ven las oportunidades de crecimiento de la industria automotriz en conjunto para este año y cuáles serían los nuevos barrones que podrían apagar un buen desempeño rumbo a 2026?
La respuesta de Rogelio Arzate fue directa y sin rodeos. Para la industria de pesados, dijo, el punto de partida debe ser claro: no iniciar la revisión del T-MEC con tarifas.
“Ese es un escalón más arriba que no queremos que exista”, señaló, al enfatizar que la revisión debe respetar el principio de libre comercio de vehículos y vehículos pesados.
Arzate explicó que uno de los grandes retos y, al mismo tiempo, oportunidades, está en el contenido regional, que actualmente es de 64% y deberá llegar a 70% en 2027. Lograr esos seis puntos porcentuales adicionales requerirá mayor atracción de inversión extranjera directa y fortalecimiento de la inversión nacional, especialmente de empresas mexicanas.
En ese contexto, destacó la obtención de la certificación Hecho en México por parte de ANPACT, como un respaldo al peso real de la industria mexicana en Norteamérica y en el mercado global.
Además, subrayó la necesidad de flexibilidad en las reglas de origen para nuevas tecnologías, particularmente si se quiere avanzar en la agenda de descarbonización sin frenar la competitividad del sector.
Rogelio Garza complementó la respuesta con una visión transversal. Fue enfático: el T-MEC y las tarifas 232 marcarán el destino de la industria en 2026.
“Venimos de un comercio al 0% de arancel, y eso es lo que necesitamos recuperar”, afirmó. En su análisis, el desempeño futuro de los vehículos ligeros dependerá directamente de cómo se cierre la revisión del tratado y de qué tanto se logre desactivar el impacto del arancel del 25%, que hoy permite descontar únicamente el contenido estadounidense.
Garza destacó que el 90% de la industria automotriz mexicana está ligada a Norteamérica, por lo que cualquier ajuste en el tratado o en las tarifas tendrá un impacto directo en la inversión, el empleo y la producción. Aseguró que el sector ya trabaja de manera coordinada con el gobierno federal, la Secretaría de Economía y la Presidencia, para llegar a una revisión equilibrada y favorable.
“No hay un tema más importante hoy para la industria automotriz que la revisión del T-MEC y las tarifas que tenemos encima”, sentenció.
EL MENSAJE FINAL FUE CLARO Y CONTUNDENTE: 2025 obligó a la industria automotriz mexicana a frenar, analizar y recalibrar. Pero también confirmó su fortaleza estructural, su capacidad de diálogo y su peso estratégico en Norteamérica.
Con el T-MEC en la mira, inversiones por atraer y reglas por defender, 2026 no será un año de inercia, sino de decisiones clave. Y en ese tablero, México no juega a resistir: juega a consolidarse como uno de los grandes bastiones automotrices del continente.