*A fin de evitar los aranceles, Trump propone a las grandes empresas automotrices, relocalizar sus plantas en Estados Unidos

*Empresas como Ford y General Motors, ven cómo algo inviable a corto y largo plazo, pues cambiar sus plantas de México a Estados Unidos, supondría un trabajo de años y millones de dólares


El nearshoring es un fenómeno que ha cobrado fuerza los últimos años en México, pero ¿en qué consiste? Pues bien, el nearshoring es una estrategia empresarial que consiste en trasladar procesos productivos a países cercanos, logrando reducir costos, mejorar la cadena de suministro y acceder a nuevos mercados, así como una mejora en la cadena de suministro.

Grandes beneficios ha traído esta estrategia en cuestión de gastos operativos, logística y atracción de talento humano, siendo una fuente d empleos, específicamente para la región de Norteamérica.

Con las recientes declaraciones del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre la imposición de aranceles a la materia prima básica para el sector automotriz, así como los componentes para el armado final del vehículo, el mandatario sugirió que los fabricantes de automóviles pueden evitar sus aranceles simplemente trasladando la producción a plantas estadounidenses. ¡Claro, como si fuera tan fácil trasladar una planta de millones de dólares a Estados Unidos!

Dichos impuestos ya están afectando a la industria automotriz, elevando los costos a miles de dólares en construir y comprar un automóvil nuevo. Ya han entrado en vigor aranceles del 25% sobre las importaciones de acero y aluminio, y el mes que viene entrarán en vigor gravámenes sobre los automóviles procedentes de Asia y Europa. Tal vez lo más perjudicial para los fabricantes de automóviles, los impuestos a la importación de todos los bienes, incluidos los automóviles y las piezas importadas de Canadá y México.

El Gobierno de Trump escuchó las súplicas de los fabricantes de automóviles para librarlos de los aranceles, y dijo que hay una respuesta fácil: simplemente fabricar automóviles en Estados Unidos.

La secretaria de Prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, a nombre de Trump dió la mágica solución: “Les dijo que deberían ponerse en marcha, empezar a invertir, empezar a moverse, cambiar la producción aquí a Estados Unidos, donde no pagarán aranceles". Después de que Trump retrasara un mes la entrada en vigor de los aranceles sobre la mayoría de los productos canadienses y mexicanos. “Ese es el objetivo final”. 

ACCIONES DE LAS EMPRESAS CUYAS PLANTAS ESTÁN EN MÉXICO

«¿Cómo no se nos ocurrió antes?» Seguramente han pensado las grandes empresas: "tan fácil como recoger nuestro negocio ambulante y regresar a casa". ¿Acaso Trump y su administración realmente creerán que es así de sencillo?

Tanto General Motors como Ford estimaron que el aumento de los costes de las materias primas tras los aranceles canadienses al acero y el aluminio puestos en marcha en 2018 les costó más de US$ 1.000 millones a cada una. Los precios del acero estadounidense ya han subido un 30% o más en los últimos dos meses, según Phil Gibbs, analista de Acero de KeyBanc, y los del aluminio alrededor de un 15%.

Aunque los fabricantes de automóviles están viendo “muchos costes y mucho caos” por las amenazas arancelarias de Trump, como dijo el CEO de Ford, Jim Farley, en comentarios en una conferencia de inversores el mes pasado, todavía no van a construir nuevas plantas, al menos no inmediatamente.

En parte, esto se debe a que las políticas intermitentes de Trump sobre los aranceles no proporcionan la certeza que los fabricantes de automóviles necesitan para invertir miles de millones de dólares en nuevas plantas.

Por su parte, Paul Jacobson, director financiero de General Motors, afirmó: “Si se convierten en permanentes, entonces hay un montón de cosas diferentes en las que tienes que pensar, en términos de dónde asignar plantas, mover plantas, etcétera.” Sin embargo, comentó que la empresa tiene demasiadas preguntas sobre el futuro de la política comercial como para tomar ese tipo de decisiones. “Son preguntas que no tienen respuesta hoy”, dijo. “Por mucho que el mercado esté valorando un gran impacto de los aranceles y la pérdida de rentabilidad, pensemos en un mundo en el que estamos gastando miles de millones en capital y luego se acaba. No podemos estar azotando el negocio de un lado a otro”.

Incluso algo tan aparentemente sencillo como cambiar una fábrica a un modelo diferente de la gama puede paralizar la planta durante un año o más. Un fabricante de automóviles también tarda años en anunciar la apertura de una nueva fábrica y en sacar el primer automóvil de la cadena de montaje. Incluso en el caso de una planta cerrada que se reabre.

Y a pesar del argumento de Trump de que sus amenazas arancelarias son necesarias para “salvar” la industria automovilística estadounidense, las fábricas de EE.UU. ya producen la mayor parte de la producción automovilística norteamericana.

Pero si nos basamos en números, cerca de la mitad de los automóviles construidos en Estados Unidos se fabrican en los llamados “transplantes” operados por marcas asiáticas o europeas, como Toyota, Honda, BMW y Volkswagen. Esto no se debe a los aranceles, sino a los elevados costes que implica el transporte de automóviles a través de los océanos, por lo que tiene sentido fabricarlos cerca de donde se van a vender.

Algunos de los modelos fabricados en México son de bajo precio, como el Jeep Compass o el Ford Bronco Sport, que tienen márgenes de ganancia más estrechos que los vehículos más grandes y caros fabricados en plantas estadounidenses. Fabricar esos vehículos en plantas estadounidenses con trabajadores mejor pagados, o seguir construyéndolos en México y aplicarles un arancel del 25%, podría elevar tanto el coste que no habría demanda de esos modelos. Así que los fabricantes de automóviles podrían decidir dejar de ofrecerlos por completo.

Si eso ocurriera, no solo se reducirían las opciones para los compradores de automóviles que buscan un auto nuevo asequible, sino que podría costar puestos de trabajo estadounidenses, ya que incluso los autos construidos en México tienen piezas fabricadas en Estados Unidos. Por ejemplo, algunos de los Ford Bronco Sports fabricados en México tienen un motor de fabricación estadounidense.

Algo que hay que tomar en cuenta es que,nos aranceles en sí, ya estarían elevando el costo de los coches "estadounidenses" (sí bien no hay un auto 100% hecho en Estados Unidos), entre 3,000 y 12,000 USD por vehículo, según una estimación del Anderson Economic Group, un grupo de expertos con sede en Michigan. Es un coste que repercutiría en los concesionarios, que compran los vehículos al por mayor, y finalmente en los compradores, haciendo que los coches, que ya están cerca de precios récord, resulten inasequibles para muchos compradores, o que a los fabricantes de automóviles no les resulte rentable seguir fabricándolos. El resultado sería probablemente menos producción y menos puestos de trabajo en la fabricación de automóviles y piezas de recambio.

Así que, tanto la imposición de aranceles, como la posibilidad de relocalizar las empresas en Estados Unidos, es un agujero que se hará cada vez más grande en la economía de la región Norteamericana, afectando tanto a fabricantes como a consumidores, creando una reacción en cadena que dañaría gravemente a una de las industrias más importantes de la economía global, como lo es la automotriz.